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MENSAJE DEL INSPECTOR REGIONAL DE LA G:.R:. N° 7



Dice San Lucas en su Evangelio Cap. XI, versículo 20; "BIENAVENTURADOS LOS QUE OYEN LA PALABRA DE DIOS Y LA GUARDAN". Guardar no significa la expresión literal de archivar, esconder ú ocultar: guardar hay que entenderlo como el dar cumplimiento a los principios a las enseñanzas, a los mensajes y a los preceptos que Dios ha dado bajo diversas formas.

Masónicamente, guardar significa dar cumplimiento a los principios fundamentales de la Institución Masónica. Guardar es hacer inmanente en nuestro ser; y no solo con la trivialidad con que tomamos algunas veces la Declaración de Principios de la Gran Logia del Perú que nos dice: "La Francmasonería tiene por objeto el desarrollo de la solidaridad humana, el mejoramiento espiritual, intelectual y moral de sus miembros y la formación de una conciencia universal de fraternidad entre todos los hombres". "Persigue el conocimiento de la verdad; sostiene la justicia como única norma que regula la conducta de los hombres y proclama la libertad y la igualdad como derechos substanciales del ser humano". "La Francmasonería es una escuela de la superación espiritual y su deber es estar a la vanguardia de todos los movimientos espirituales que propenden el progreso y bienestar de la humanidad". "Cuida de que el hombre no sea sólo un ser libre y culto, sino también un elemento útil a la sociedad; consciente de su responsabilidad individual y colectiva". "Siendo la Francmasonería una asociación esencialmente Fraternal, sus miembros aman la paz, respetan las leyes del país que los cobija, rechazan la explotación del hombre por el hombre y ejercen la beneficencia sin ostentación y tan sólo como un deber hacia sus semejantes". "La Francmasonería es una escuela de Honor y Virtud, que educa a sus miembros y exalta a los que por sus merecimientos conciten el respeto y la gratitud de sus conciudadanos". "Proclama la tolerancia y la libertad de conciencia, y nos hace distinciones de raza, nacionalidad y religión; y exige el respeto de las ideas de todos los hombres a quienes considera como miembros de una sola familia". Escuchados estos principios, nuestra primera reflexión es: ¿Los cumplimos? ¿Somos Masones? ó únicamente somos miembros de la Orden. En estos breves espacios de tiempo entre la lectura y la pregunta expuesta, seguramente ya estáis reflexionando en lo más íntimo de vuestro ser y cada uno de vosotros tiene su propia respuesta. Todos, sin excepción, habéis escuchado y, seguramente, más de una vez, en oportunidad que visitáis a las LL.·. que trabajan en la Obediencia deL Rito E.·. A.·. y A.·. cuando durante la Ceremonia de A.·. Se suscita el siguiente diálogo: V. ·. M.·. H.·. ler.Vig.·. ¿Sóis Masón? ler. Vig.·. Todos mis HH.·. me reconocen como tal, V.·. M.·. Observad R.·. y Q.·. H.·. este rasgo de humildad; todo un ler. Vig.·. Declina el ser llamado MASON, e informa a la L.·. que si bien sus H.·. lo aceptan como tal El aún no se considera digno de ser llamado Masón. Aquí viene una nueva reflexión: Nosotros ¿Somos Masones?

En la crisis de valores que afronta actualmente el mundo cuando todos, todos, sin excepción, queremos hablar y, casi nadie escucha, debemos preguntarnos si nuestro comportamiento en L.·. como en las Grandes Asambleas, y en la vida cotidiana (mal llamada profana por que el iniciado debe ser Masón las 24 horas de día y en todos sus actos), es el de un verdadero Masón. ¿Somos Masones? Vemos cotidianamente tanto en L.·. de A.·. , en A.·. de C.·. , en la C:. del M.·. y, hasta las grandes asambleas que sin exponer en los debates nuestras convicciones y, hasta sin atender razones, aunque estén en contra de los intereses de nuestra L.·. levantamos la mano y aprobamos la Primera Conclusión que exponen los Capellanes ú oradores, muchas veces emitiendo opinión contraria al sentir de la L.·. lo que en principio desvirtuaría y anularía las conclusiones; pero, por el principio de buscar lo fácil, aprobamos sin pensar, o a veces, lo cual es peor, siguiendo consignas; por este comportamiento inadecuado debemos preguntarnos otra vez: ¿Somos Masones? Nueva reflexión, nueva pregunta, nueva necesidad de trabajar sobre nuestras conciencias para encontrar el verdadero camino que nos lleve al cambio anhelado.

Para clausurar los trabajos tanto en el Rito de York como en el Rito Escocés los V.·. M.·. dan lectura a una Exhortación (que en los antiguos rituales Yorkinos figuraba como Oración y por lo tanto recitada por los Capellanes ante el Altar) en una de cuyas frases subrayamos: "Que habéis prometido corregir sus faltas con suavidad y ayudarle en su reforma, vindicar su opinión cuando fuera calumniado y exponer en su defensa las circunstancias que le sean más favorables, aún cuando su Conducta sea justamente reprensible".

Tanto la oración antes citada, como los principios Masónicos, parecen que para muchos hermanos sólo son frases bellas y líricas destinadas a ser escuchadas y no para ser guardadas, o tal vez si para guardarlas en un archivo olvidado y tirar las llaves. Saco lo anterior a colación por que nunca ni en L.·. ni en las Grandes Asambleas se recuerda esta exhortación; entonces ¿Somos Masones?. Hagamos una autocrítica y preguntémonos y respondámonos con sinceridad,

¿Cuándo fue la última vez que hicimos docencia masónica, con el conocimiento o con el ejemplo? Ante tal reto, dada la calidad del auditorio, consideré conveniente revelar mis sentimientos a través de estas reflexiones que norman mi propia vida masónica y que os invito a seguir compartiendo con este vuestro hermano. El masón por su cultura y gravitación ciudadana tiene a su alcance las más diversas tribunas donde volcar sus inquietudes e innata vocación de servicio, más solo cuenta con la intimidad de su conciencia y la privacidad del templo masónico para su perfeccionamiento iniciático.

Es por eso que en la evolución de la humanidad y sus instituciones, la Masonería, llegado el momento histórico se hizo presente, como organización sujeta a normas morales y administrativas estrictas, nosotros herederos a través del legado de sus experiencias y elucubraciones sentimos que en la fresca brisa de la igualdad primitiva se encuentra el origen de las virtudes, el sostén y la fortaleza que ha llevado a nuestra orden a la perennidad sustentada y después viabilizada por su doctrina, aquella doctrina que predicó el sublime esenio: JESÚS.

Y es así que a las leyes positivas emanadas del hombre, hemos sabido añadir las anteriores e inmutables de la naturaleza, y, así como adoptamos los principios de justicia de los gobiernos políticos, desechamos indignados, la tolerancia, la superstición y el fanatismo. La moral -cimiento de la orden- forjada en los antiguos misterios es doctrina de pureza, y un caudal inagotable, que reside en nuestros tabernáculos, la caridad que consuela y alivia; el perdón de las injurias, que olvida lo pasado; la tolerancia que concilia opiniones: la indulgencia que proviene los actos irreflexivos del amor propio; la amistad gran expansión del alma, que ayuda a sobrellevar los pesares de la vida y es el emblema de los nobles sentimientos del corazón; la igualdad que completa su obra admirable, arrojando fuera de nuestros templos las vanas decoraciones, los títulos y las riquezas que separan a los hombres. Si en esta magna obra, nuestra institución y su sublime moral, prevenida constantemente contra las pasiones de sus hijos, ha podido intimar con sus semejantes; si no ha olvidado los deberes que le impone su doble naturaleza y ha aprendido a escapar del monstruo destructor de todo pacto social; el egoísmo, pasión desordenada del amor a sí mismo; si la experiencia le ha enseñado su fragilidad, si ha aprendido que sus mejores armas son la dulzura y la perseverancia; si ha destronado de su conducta el personalismo causa de toda divergencia; si ha aprendido que la templanza y la beneficencia son verdades positivas; y en fin, si ha comprendido que la vida carente de virtudes es un desierto sin horizontes, entonces habremos descubierto no sólo el inmenso valor de la igualdad primitiva con la que el G:. A.·. .D.·. U.·. adornó su creación, sino que habremos encontrado la brida que frene nuestras pasiones.

¿Verdad que estas reflexiones son las que se nos inculcan en nuestros Talleres? El llevarlas a cabo significa nuestro progreso masónico integral. Continuemos: Somos testigos de los grandes avances de la ciencia y técnica e igualmente somos conscientes que los tiempos en que nos ha tocado vivir no son los más adecuados para el florecimiento masónico, lo que comprobamos si hacemos un paralelo entre los avances científicos y tecnológicos con el incremento del crecimiento moral y espiritual; es así que nuestra sencilla y noble doctrina, tiene que lamentar las limitaciones impuestas por el propio ambiente creado por el hombre, que sin humildad alguna cree haber dominado a su gusto y paciencia. La defensa del hombre nos impele a luchar por desterrar la violencia y prejuicios que subyugan la libertad de las personas, es nuestro deber acometer la gran tarea de encontrar humanamente al hombre. Precisamente por esta universal concepción, encontramos la responsabilidad de nuestra participación consciente en el mundo que vivimos y nos desarrollamos. Hagámoslo así y revelemos la praxis masónica personal que inducirá a nuestros semejantes a seguir nuestra excelsa doctrina queridos y respetables hermanos.

 

 

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